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martes, 28 de abril de 2015

La estrella del abuelo


Como todas las noches desde hacía ya un año, Juan solía acostarse junto a Ted, el oso blandito y peludín que su abuelo Paco le regaló en su primer cumpleaños, pero de aquello ya habían pasado siete primaveras y aún le recordaba a esas historias fantásticas de viajes espaciales sin límites, donde le perdía la imaginación construyendo un cielo sin fin, abarrotado de estrellas aladas que jugaban a pillarse entre ellas y en ocasiones al escondite entre las nubes.

Solía acurrucarse a un lado de la cama mientras el abuelo le contaba esas historias y cuando ya le creía dormido y se marchaba, Juan salía de la cama a escondidas para mirar tras el cristal de la ventana de su cuarto.

Pero aquella noche el abuelo le faltó. Le habían dicho que había viajado al espacio y que algún día le vería allí. Así que Juan, esperó a que las estrellas lucieran en el cielo a través de la ventana de su cuarto aquella noche y le hizo feliz ver una estrella fugaz. Se imaginó que era el abuelo en un cohete que también jugaba entre las estrellas, con su gorro a lo Indiana Jones sorteando agujeros negros y brincando de mundo en mundo entre las galaxias, peleando con dragones de colas de fuego que arrojaban luces de colores formando nuevas estrellas que danzaban bailando al son de su melodía preferida. Le reconfortaba pensar que lo pasaba bien allí arriba y aquella noche soñó que volaba como el supermán de los cómics para jugar con su querido abuelo y cerró los ojos pensando "hoy viviremos nuestra propia aventura abuelo, será nuestro sueño".

Este texto ha sido elaborado 
para el concurso
propuesto en Juegos Literarios 

sábado, 14 de febrero de 2015

Lluvia de Estrellas


Lluvia de Estrellas

Y aún ahora nada he de ofrecerte
Más que fatiga y unas pocas risas
Momentos pocos, breves y con prisas
En que soñar la dicha de tenerte

Y aún ahora en mi corazón maltrecho
Con nada más que tu cariño como guía
Surcando alegre el mar de melancolía
Navega tu barquito por mi pecho

Y aún ahora recordar la noche aquella
Que llegaste a iluminar mi rumbo triste
Bailando con tu estela de centella

Pues del cielo de verano que Dios viste
De todas la más dulce, pura y bella
Cayó la estrella, y tú naciste.

Soneto escrito por Lope A. Molina

¡MUCHAS GRACIAS!

¡MUCHAS GRACIAS!
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