Habían transcurrido varios meses desde que los gemelos habían acrecentado la familia y por fin Berta se animó a preguntarme:
- Mamá, ¿de dónde vienen los niños?
La había preparado durante los nueve meses de embarazo con el fin de que se fuera adaptando y ahora que ya estábamos todos aquí, resultaba irónico que esa pregunta me recordara París, ese París que solía decir mi abuela cuando nos relataba historias de cómo vino mi último hermano.
De París...
¿Ahora me tocaba a mí inventarme otro París?. Quizá... la miré con ternura y su inocente mirada me cautivó en aquel París imaginado, donde hadas, gnomos y toda clase de místicas criaturas tejen las almas de los pequeños seres que las simpáticas cigüeñas debían traer desde allí...
De París... si mi abuela estuviera, le contaría también mi dulce París, aquel verano que un día me vió nacer en Madrid.



































